—Me echaron como a un perro —dijo Mónica, con la voz temblando de rabia.
—Puede que nos hayan echado a nosotros primero, pero la próxima en salir será esa muerta de hambre. Estoy segura de que la tía Victoria se encargará de ella, Mónica —la consoló Paula.
En uno de los restaurantes más exclusivos del centro de la ciudad, Mónica Martínez saboreaba su copa de vino tinto con una sonrisa imborrable en los labios. A su lado, Paula también se veía radiante. Ambas se sentían en la cima del mundo, ima