JADE AL-QALASus ojos, llenos de preocupación y pavor, se posaron en mí. Con una ternura que me desarmó por completo, se acercó y tomó mi rostro entre sus manos, sus pulgares acariciando suavemente mi piel, verificando que no hubiera daño.—¿Estás bien, mi Sultana? ¿Te ha hecho daño? —Su voz, antes tronante y llena de ira, se había suavizado a un susurro lleno de piedad, un bálsamo para mi alma agitada.Negué con la cabeza, sintiendo cómo el temblor que había reprimido con todas mis fuerzas finalmente me invadía. El muro entre nosotros, aunque aún existente, parecía haberse resquebrajado un poco más, y en sus ojos, vi una protección y un amor que, por primera vez, no pude ni quise evadir. En ese instante, en medio del caos y la furia desatada, supe que, a pesar de todo, estaba a salvo en sus brazos.El silencio que siguió a la partida forzada de Raissa fue tan pesado como las palabras no dichas. Las mujeres del taller, aún conmocionadas, reanudaron sus labores con una lentitud inusual
Leer más