El agua caliente de la ducha cayó sobre su cuerpo como una caricia. Luisa cerró los ojos y dejó que el vapor la envolviera, que los músculos se relajaran, que la mente se vaciara. La noche anterior aún pesaba en sus hombros, pero también había algo nuevo. Algo ligero. Algo que no sentía desde hacía años.Cerró la llave. Salió. Se secó el cabello con la toalla, sin apuro. Frente al espejo, se miró. Sus ojos ya no tenían ojeras de tristeza. Tenían brillo. Tenían curiosidad. Tenían algo que ella misma no reconocía del todo.Abrió el armario. Buscó. Descartó vestidos, pantalones formales, blusas de trabajo. Hoy no iba a ser un día de oficina. Hoy iba a ser diferente.Eligió una falda short color beige, suave, ligera, que le quedaba perfecta. Una blusa de tiras blanca, sencilla, fresca. El cabello lo dejó suelto, con ondas naturales que el calor de la mañana había marcado. Se puso una gorra blanca para protegerse del sol, ligeramente inclinada hacia un lado.Maquillaje suave. Un poco de rí
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