La madrugada llegó con un cielo gris, sin estrellas, como si la noche se negara a terminar. Erick entró a la mansión en puntas de pie, con el corazón pesado y la mente llena de preguntas que no tenían respuesta. La cabaña, la banca, el árbol, las fotos de Annie... todo era un rompecabezas cuyas piezas no terminaban de encajar.Subió las escaleras en silencio. La puerta de la habitación de Luisa estaba entreabierta. Entró sin hacer ruido. Ella estaba acostada de lado, con el rostro hacia la pared. Su respiración era profunda, acompasada. Parecía dormir.Erick se quitó la chaqueta. La dejó sobre la silla. Se acostó a su lado. La abrazó. Su nariz se hundió en su cabello. Inhaló su aroma. Cerró los ojos.—Luisa —murmuró, en voz baja.Ella no respondió. No podía. Porque no estaba dormida.Había estado llorando durante horas. Las lágrimas se habían secado en sus mejillas, pero el dolor seguía ahí, ardiente, fresco. La foto de Erick en el sillón de Annie, desabotonado, despeinado, en paz. La
Ler mais