El apartamento nuevo era en el mismo barrio que el de Rodrigo, dos calles más al norte, con una terraza pequeña que Daniela había identificado como requisito no negociable y que Rodrigo había aceptado sin discusión porque comprendió, desde la primera vez que Daniela mencionó la terraza, que no era sobre la terraza sino sobre tener un lugar donde estar afuera cuando el interior se volvía demasiado denso, que era una necesidad real de alguien cuya profesión consistía en absorber historias que pesaban.Se mudaron el primer sábado de abril con la ayuda de Valentina, Sebastián, Marco, y Camila que no ayudó en ningún sentido práctico pero que proporcionó una presencia que hacía que todo pareciera menos serio de lo que podría haber sido.La mudanza de Daniela fue más complicada que la de Rodrigo, no porque tuviera más cosas sino porque las tenía organizadas con una lógica que solo ella entendía completamente y que requería que ella supervisara cada caja. Marco, que había llegado con la dispo
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