Gloria Reyes tenía un proyecto. Lo había estado gestando desde que volvió de Tokio con las fotos en el teléfono y el recuerdo de Valentina trabajando en el estudio japonés con la concentración de alguien que hace exactamente lo que vino a hacer al mundo, y lo anunció en la videollamada del domingo de enero con la energía de quien ha decidido que una idea lleva suficiente tiempo siendo solo idea.
—Quiero aprender a diseñar —dijo.
—¿Qué tipo de diseño?
—Gráfico. Como tú. No para trabajar. Para ha