Caminó el quince de enero.
No los pasos tentativos de las semanas anteriores, los que llegaban hasta tres o cuatro y luego cedían a la comodidad del gateo que era más rápido y más seguro y que Camila dominaba con la velocidad de alguien que lleva meses perfeccionando una habilidad. Esta vez fue diferente desde el primer paso: la postura más recta, los brazos en diferente posición, la mirada fija en el destino con la concentración de quien ha decidido que hoy es el día y no hay ninguna razón par