Sebastián llegó antes de que Valentina y Camila volvieran al apartamento.Había salido de la reunión a mitad, cosa que en sus dos décadas de carrera profesional podía contarse con los dedos de una mano y siempre había sido por razones de fuerza mayor: una crisis, una negociación que se derrumbaba, algo que no admitía espera. Esta vez no era ninguna de esas cosas. Esta vez era su hija diciendo su primera palabra en un mercado de Tokio y su instinto, sin consultar el protocolo ni el calendario ni la agenda de la tarde, le había dicho que había que estar ahí.Le había dicho a su contraparte que tenía una emergencia familiar. La contraparte, que tenía tres hijos, había asentido con la comprensión específica de quien conoce esa categoría de emergencia y sabe que no requiere más explicación.Sebastián estaba en la puerta del apartamento cuando el ascensor se abrió. Llevaba la corbata aflojada y la chaqueta en el brazo, con la postura de alguien que salió rápido y no terminó de ajustarse en
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