160. Se ha ido
Dante
Mira a Gianna intentar coger aire y ni siquiera me importa.
—Dante... no... no sé de qué... de qué manejo estás hablando —consigue articular con voz ahogada, con una dificultad extrema, mientras sus dedos aprietan mi antebrazo sin lograr moverme ni un milímetro.
—No te hagas la tonta, Gianna. No te queda ni un pelo de inocente —le espeto, apretando el agarre lo justo para mantenerla fija, sintiendo el latido acelerado de su carótida bajo mi palma—. Pero si no te ha quedado claro, te lo vo