91. No estaba bien
DanteEl rugido que suelto hace que los libros de las estanterías parezcan vibrar. Doy dos pasos largos, acortando la distancia hasta que estoy a centímetros de su rostro. Su espalda dxa contra la pared y yol la acorraló ahí, poniendo ambas manos a los lados de su cabeza e inclinandome hacia ella para sus ojos y los mios queden a la misma altura. —¡No te compares con ella! —le siseo, mis ojos grises clavados en los suyos—. Gianna nunca fue nada para mí, se suponpia que debía ayudarme con mi problema de insomnio, pero decidió meterse en mi cama, cuando me di cuenta de lo mal que estaba decidí ponerle fin, no le gustó. Sin embargo, nunca entró en mi habitación, nunca durmió en mi cama, y nunca, jamás, me hizo sentir que tenía un motivo para volver a casa.Noto como la tensión disminuye un poco, pero no toda del cuerpo de Isabel.—Si no significaba nada… ¿Por qué estuviste con ella?Esa es la pregunta del millón.—No estaba en un buen momento—contesto con más honestidad de l que le he da
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