Con un gemido suave, casi un suspiro de rendición, se incorporó. Se arrodilló sobre el sofá, todavía desnuda, con el cabello revuelto y la piel encendida. Por un instante lo miró desde abajo, sus ojos brillando de deseo y de hambre.Extendió la mano temblorosa y lo rodeó con sus dedos. La dureza la sorprendió, la calidez la excitó aún más. Lo acarició lento, explorando, saboreando con el tacto lo que anhelaba con la boca. Andrei gruñó profundo, un sonido grave que resonó en su pecho como un trueno contenido.Stepfanny acercó los labios, primero rozándolo apenas con un beso tímido, casi reverente. Luego, más osada, abrió la boca y lo recibió. El sabor fuerte y cálido llenó su lengua, y gimió al probarlo, como si fuese un manjar prohibido que había esperado toda la vida.Lo tomó despacio al inicio, succionando con suavidad, probando el ritmo, mientras sus manos lo acariciaban con torpeza y deseo. Pero pronto se dejó llevar: lo devoró con más hambre, más profundo, gimiendo con cada movim
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