Hay una etapa en la vida de toda pintura que los expertos llamamos "estabilización". Es ese periodo, a veces años después de la última pincelada, donde los materiales dejan de pelear entre sí y aceptan su nueva forma. El aceite se funde con el pigmento, la tela se relaja sobre el bastidor y las grietas —el craquelado— dejan de ser una amenaza para convertirse en la prueba de que la obra está viva. Hoy, sentada en el porche de nuestra casa en San Pedro de Macorís, siento que Alexander y yo finalmente hemos entrado en nuestra fase de estabilización.El calor de esta mañana es distinto; es un calor que no agobia, sino que abraza, como el barniz de damar cuando se aplica con la temperatura justa. Alexander está en el jardín, peleando con una mata de limones que se resiste a crecer. Lo miro desde la distancia y me maravilla ver cómo ese hombre, cuyas manos fueron entrenadas para la destrucción quirúrgica, ahora se frustra porque una planta no recibe suficiente agua. Es la restauración defi
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