En cuanto entra en su habitación, Ava evita el espejo. Sabía que, si miraba su propio reflejo, su versión del otro lado la juzgaría por haber pasado toda la noche con Hector.—Oh, cielos… no quiero pensar en nada más —susurra, abriendo el armario en busca de algo adecuado para salir.Una de las pocas cosas que le gustaban de aquella casa era el hecho de que, desde su llegada, tenía acceso a diversas prendas completamente nuevas. Hector había proporcionado todo: ropa, zapatos, bolsos y accesorios, como si quisiera que ella sintiera que siempre había pertenecido a ese lugar.Claro que no funcionó muy bien, ya que muchas aún tenían las etiquetas colgando, como si gritaran que nada allí era, de hecho, suyo. Aun así, no podía negar: el hombre tenía buen gusto. Todo era elegante, sofisticado y, curiosamente, combinaba con ella.Gracias a eso, nunca necesitó volver a su antigua casa para buscar sus cosas. Pero sabía que, tarde o temprano, tendría que enfrentarse a lo que dejó atrás. Y cuando
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