Al salir del cuarto de Ava, Hector camina hasta el suyo con pasos duros, la mandíbula tensa y el corazón en llamas. En cuanto entra, cierra la puerta con fuerza, como si ese gesto pudiera silenciar la sensación sofocante de impotencia que lo domina.
Se siente con los brazos atados frente a ella como si ya no tuviera control de nada.
Nervioso, pasa la mano por la barba, intentando contener la rabia y la frustración que crecen en su pecho. Luego, se sienta en el borde de la cama, inclina el cuerp