Un pequeño rayo de luz atraviesa la ventana y se refleja directamente en el rostro de Ava, que está recostada sobre el pecho de Hector. Ella extiende la mano y cubre sus ojos, dándose cuenta entonces de que, una vez más, está en la habitación de él.
—Maldición —murmura, apartándose despacio del maravilloso cuerpo de ese hombre.
Aun intentando levantarse con cuidado, termina despertando a Hector, quien, al notar que ella va a salir, la toma por la cintura y la atrae de nuevo hacia él.
—¿A dónde