En cuanto entra en su habitación, Ava evita el espejo. Sabía que, si miraba su propio reflejo, su versión del otro lado la juzgaría por haber pasado toda la noche con Hector.
—Oh, cielos… no quiero pensar en nada más —susurra, abriendo el armario en busca de algo adecuado para salir.
Una de las pocas cosas que le gustaban de aquella casa era el hecho de que, desde su llegada, tenía acceso a diversas prendas completamente nuevas. Hector había proporcionado todo: ropa, zapatos, bolsos y accesorio