Sintiendo una terrible falta de aire, Ava camina apresurada por el pasillo, con los ojos nublados por las lágrimas y el corazón pareciendo aplastado dentro del pecho. Cada paso dolía. Sabía que no tenía fuerzas para salir de allí, mucho menos para conducir. Todo lo que quería era desaparecer, encogerse en algún rincón del mundo donde el dolor no la encontrara.
Al llegar al final del pasillo, sus ojos encuentran una pequeña capilla. Un lugar silencioso, casi olvidado, donde las luces eran tenues