Apenas cruza la puerta de vidrio de la empresa de Hector, Ava camina con pasos rápidos hasta el vehículo estacionado al frente, donde su madre la esperaba. Entra en silencio, y Rafaela percibe de inmediato que algo no estaba nada bien.
—¿Qué pasó, hija? —pregunta, preocupada, observando el semblante cerrado de la joven.
—Nada, mamá —responde Ava rápidamente, desviando la mirada.
—Pensé que ibas a tardar un poco más.
—Sí… pero Hector estaba ocupado en una reunión muy importante. No quise molesta