Caminé hacia las escaleras que llevaban al Gran Salón. Cada paso que daba, sentía cómo el poder de la Luna de Sangre crecía, alimentándose de la proximidad de mi enemigo. Ya no había rastro de la chica que suplicaba. Solo quedaba la reina que venía a reclamar su tributo. Llegué a las grandes puertas dobles. Los guardias del salón, confundidos por la conmoción en la torre norte, no esperaban un ataque desde las mazmorras. Antes de que pudieran reaccionar, extendí mis manos y las puertas se abrieron de par en par con un estruendo que silenció toda la música y las risas del interior. El Gran Salón estaba lleno. Alfas de otras manadas, nobles de plata y, en el centro, sobre el estrado elevado, Damián y Tania. Damián estaba de pie, con una copa de vino en la mano, hablando con un Alfa del Norte. Tania lucía un vestido rojo chillón, su mano descansando posesivamente en el brazo de Damián. Cuando las puertas estallaron, todos se giraron hacia mí. El silencio fue absoluto. Podía oír e
Leer más