El viento le alborota el cabello a Abril, y Mateo, con una delicadeza infinita, levanta la mano para apartar un mechón rebelde de su mejilla. Sus dedos rozan la piel cálida de ella, y Abril cierra los ojos por un segundo ante la ternura del gesto.—Sé que hay algo que te atormenta, Abril —murmura Mateo, rompiendo el silencio, parándose tan cerca que ella puede sentir el calor de su pecho—. Sé que la situación con tu jefe, este encierro, el miedo que tienes... todo esto te está asfixiando. No te voy a presionar para que me cuentes los detalles si no estás lista. Pero quiero que sepas que estoy aquí. No como una distracción, sino como alguien que de verdad quiere cuidarte.Abril abre los ojos y levanta la mirada hacia él. Los ojos de Mateo están fijos en los suyos, rebosantes de una sinceridad abrumadora. No hay juegos de poder en su mirada. No hay barreras, ni excusas, ni secretos.Solo hay un hombre dispuesto a entregarle el corazón en bandeja de plata.—Mateo, yo... tengo miedo de sa
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