Unos días después, la tensión en el departamento es tan palpable que casi se respira como humo.Desde la acalorada discusión del fin de semana, Abril se ha convertido en un fantasma eficiente: cumple sus horarios a la perfección, cuida de Mía con una devoción absoluta, pero cuando Liam está en la misma habitación, ella levanta un muro de cristal blindado.No hay sonrisas, no hay miradas compartidas, no hay nada.Liam, desesperado por romper el hielo y guiado por el único lenguaje que ha conocido durante toda su vida, decide jugar la carta que siempre le ha funcionado para cerrar tratos imposibles: el poder adquisitivo.A las diez en punto, un mensajero de una de las joyerías más exclusivas de la ciudad cruza las puertas del ascensor escoltado por Dante. Trae consigo una caja de terciopelo azul oscuro, atada con un lazo de seda plateada.Liam toma la caja con manos firmes, sintiendo una falsa sensación de control. Ha comprado un brazalete de diamantes de corte esmeralda y oro blanco. U
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