El despacho de Liam en el departamento se ha convertido en una auténtica sala de guerra.
Sentados alrededor de la mesa de caoba están Roberto, el jefe del equipo legal de la firma, y Sarah, la directora de gestión de crisis de la corporación. Ambos tienen rostros pálidos y ojeras pronunciadas. Llevan más de dos horas analizando la carta de extorsión y las fotografías clandestinas.
Liam, en cambio, no está sentado. Camina de un lado a otro frente al inmenso ventanal que da a la ciudad, con la ca