El sol de se filtra por los ventanales del departamento con una claridad hirviente, pero dentro, la atmósfera es tan gélida que el aire parece cortarse al respirar.
Abril se levanta antes que nadie, pero no como todos los días.
No ha dormido bien; la rabia de la noche anterior le ha dejado una punzada persistente en las sienes. Se mueve por la cocina con aquella precisión aprendida por la rutina práctica que ha adquirido desde hace semanas, preparando el biberón de Mía y organizando las tomas d