El pasillo del ala médica de la mansión Blackwood se transformó en un túnel donde el oxígeno parecía haberse evaporado.El estrépito del documento legal al caer contra el suelo de mármol fue el último sonido del mundo exterior antes de que un silencio sepulcral, denso y cargado de electricidad estática, lo devorara todo.Alaric estaba allí, con la mano aún suspendida en el aire, petrificado en el umbral. A menos de dos metros, Seraphina sostenía a Luvia contra su pecho, mientras Daniel, un paso por delante de ella, mantenía a Julian protegido entre sus brazos.El encuentro no fue una colisión de palabras, sino un choque de realidades que fragmentó el tiempo en tres segundos eternos.En el primer segundo, las miradas se anclaron.Alaric no vio a la empresaria exitosa de las revistas, ni a la "Musa del Arno"; vio a la mujer que había dejado sangrar en su propia casa.Sus ojos recorrieron el rostro de Seraphina, buscando el rastro de la niña que lo amaba en la universidad, pero solo enc
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