—Tengo algo que... —comenzó Seraphina. Su voz, aunque suave, logró que el murmullo de los invitados cercanos disminuyera.
Sin embargo, las palabras se le quedaron atascadas en la punta de la lengua. Al ver al abuelo Blackwood quien la miraba con una sonrisa cargada de un afecto genuino, pero su rostro denotaba un cansancio que Seraphina no pudo ignorar. Recordó las palabras del médico: el corazón del anciano estaba débil. Soltar la bomba del divorcio en medio de su septuagésimo cumpleaños podrí