—¿Estás enojado conmigo, Christian? —preguntó Bella, con voz tenue y cautelosa.Christian no respondió. Sus manos, habiendo terminado de atar el cordón izquierdo, se ocuparon ahora del derecho.—Christian —insistió Bella.—Desayuna en casa, Christian —suplicó ella, con un matiz de ruego en la voz. Caminó hacia la cocina con paso apresurado, casi corriendo—. Todavía es temprano. Te prepararé un sándwich, lo prometo. No tardaré nada.Se movía con una urgencia febril. Con las manos aún pesadas por el sueño, sacó el pan del refrigerador. Con la otra mano, buscó la mantequilla, el queso y unas rebanadas de jamón. Lo colocó todo sobre la vieja mesa de madera y buscó un cuchillo en el cajón.Sus dedos, ligeramente temblorosos, abrieron el paquete de pan. Colocó dos rebanadas sobre la tabla de madera llena de marcas. El cuchillo en su mano comenzó a untar la mantequilla con movimientos atropellados, dejando capas irregulares, demasiado gruesas en algunos puntos.—No te molestes, Bella.
Leer más