Bella terminó de recoger la cocina. Caminó hacia la sala y se sentó en el sofá, al lado de Christian. Su cuerpo, pequeño y frágil, se apoyó en el ancho hombro de su esposo.
—¿No vas a ir a trabajar esta noche? —preguntó Bella en un susurro.
—No. Pedí la noche libre. Hoy estoy cansado —respondió Christian con voz monótona.
Bella asintió. —Descansa, entonces. Te haré compañía.
Christian no respondió. Sus ojos enrojecidos seguían fijos en la pared.
Bella no mencionó nada sobre Dominic.
Ni un