La noche había caído sobre Ashford Falls.
Las lánguidas farolas de la calle comenzaron a encenderse una a una, proyectando una luz tenue sobre los caminos de tierra llenos de baches. El cielo se cernía oscuro, sin una sola estrella, y la luna permanecía oculta tras un denso manto de nubes. El viento nocturno soplaba con más fuerza de lo habitual, arrastrando un aire gélido que calaba hasta los huesos. El canto de los grillos se escuchaba a lo lejos, interrumpido ocasionalmente por el ladrido d