Bella se mordió el labio inferior; ese labio que aún estaba agrietado y que todavía le escocía.Él había vuelto. Dominic había regresado. Después de lo de ayer. Después del funeral. Después de que ella le dijera que no quería verlo. Después de haberlo amenazado con llamar a la policía. Él estaba allí otra vez.¿Por qué no podía detenerse? ¿Por qué seguía acosándola? ¿Por qué no podía simplemente dejarla ir?Dios, por favor. No tengo fuerzas. No puedo seguir así.—Bella, sé que estás ahí dentro —dijo Dominic desde el otro lado, con una voz más suave de lo habitual—. Christian ya se fue a trabajar. Vi su motocicleta marcharse. Así que estás sola, ¿verdad?Bella no respondió. Se quedó sentada en el sofá, petrificada, sin moverse, casi sin respirar.—No voy a hacerte daño, Bella. Solo quiero hablar —continuó Dominic, y su tono sonó suplicante. No era la voz del hombre acostumbrado a dar órdenes, sino la de un hombre desesperado—. Por favor, abre la puerta. Solo un momento.Bella ce
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