—Bella, te lo ruego. Este mensaje es importante. La señora Higgins querría que lo escucharas. Antes de que ella... —La voz de Dominic se quebró. Se escuchó un sollozo ahogado—. Antes de irse, me pidió que te lo entregara personalmente. Dijo que solo tú tenías derecho a conocerlo.
Bella cerró los ojos. Sus lágrimas rodaron.
La bondadosa señora Higgins. La que siempre le sonreía. La que siempre le ofrecía algo de comer cuando regresaba tarde a casa. La que le acariciaba la espalda cuando la veía