Resulta que tras la puerta de la cocina, que permanecía entreabierta, se encontraba la señora Higgins.La mujer de mediana edad había escuchado las palabras de Dominic por accidente. Se encontraba recogiendo la cocina tras preparar una cena que Dominic ni siquiera había tocado; su señor no tenía apetito desde que regresó de algún lugar. Quizá de la casa de Christian. Quizá del taller donde este trabajaba. La señora Higgins no lo sabía. Lo único que sabía era que Dominic había vuelto con el rostro encendido de furia, caminando de un lado a otro en la sala, bebiendo whisky sin probar bocado y ahora hablando solo con una voz potente y cargada de saña.La mano de la señora Higgins, que sostenía un paño de cocina, se quedó inmóvil. Su cuerpo, que ya no era joven, se petrificó frente al fregadero. El paño resbaló de sus dedos y cayó al suelo de baldosas, pero ella no lo recogió. Sus ojos, cansados y llenos de experiencia, miraban fijamente la pared frente a ella, sin enfoque, mientras su
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