Scarlett Valenti.Mis dedos se cerraron sobre la muñeca de Melissa con una fuerza que jamás creí capaz de poseer. En ese instante, no había rastro de la Scarlett tímida, de la chica que agachaba la cabeza ante las humillaciones. Toda la rabia acumulada por los días de persecución, el miedo a perder a mi familia y la asquerosa campaña mediática que esta mujer había orquestado se concentraron en mis manos.Melissa estaba completamente histérica, con los ojos desorbitados y la boca desencajada, gritándome una letanía de insultos que rebotaban en las paredes de mármol del pasillo ejecutivo.— ¡Suéltame, maldita gata muerta de hambre! ¡¿Quién te crees que eres para tocarme?! — chilló, su voz perdiendo cualquier rastro de sofisticación.Llevada por la desesperación, Melissa intentó golpearme con su otra mano, lanzando un manotazo torpe directo hacia mi rostro. Pero me moví rápido. Esquivé el golpe con un leve movimiento de cabeza y, antes de que ella pudiera recuperar el equilibrio, extendí
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