Scarlett Valenti.
En el instante en que la voz de la reportera terminó de desmantelar mi vida en esa maldita pantalla, el miedo que me había atenazado el estómago se evaporó, dejando en su lugar una determinación ardiente y afilada. No iba a quedarme allí escondida como una cobarde mientras destruían al hombre que amaba.
Sosteniendo a Liam con firmeza contra mi pecho, entré a trompicones en su habitación. Con manos temblorosas pero eficientes, tomé su bolso de viaje y comencé a meter los pañale