Ali Haddad.
La paciencia es una virtud de reyes, pero el silencio es el arma de los dioses.
Me encontraba sentado en el centro de aquel almacén abandonado en la zona industrial de Brooklyn, con las piernas cruzadas y la espalda apoyada con perfecta rectitud en un viejo pero costoso sofá de cuero que mis hombres se habían encargado de trasladar para mi comodidad. Entre mis dedos sostenía un puro cubano de combustión lenta; el humo denso, azulado y aromático ascendía perezosamente hacia las viga