Scarlett Valenti.
El corazón me dio un vuelco violento antes de comenzar a latir con desenfreno. Por un instante el silencio reino en la sala de juegos, cargándose de un peso asfixiante, ese que dejaba el miedo y la expectativa de saber que rayos estaba ocurriendo más allá de las paredes protectoras de esta fortaleza.
— ¿Qué pasa, Elizabeth? — pregunté, obligando a mis pies a moverse hacia ella, ignorando olímpicamente la presencia de nana Muffins, quien resopló con indignación a mis espaldas.