(POV Kyler)El aire en la cocina de Connor y Maya se había vuelto denso, cargado con el aroma del azúcar, la vainilla y una electricidad estática que hacía que el vello de mis brazos se erizara. Aria sostenía el rodillo como si fuera un arma defensiva, dándole la espalda a la isla central mientras intentaba, sin éxito, mantener una fachada de indiferencia.—¡Te he dicho que te apartes, Kyler! —siseó ella, aunque su voz carecía de la firmeza habitual—. No necesito ayuda con la masa. Sé perfectamente cómo estirarla. Vete a... no sé, a tallar un confesionario o algo que se te dé bien.Me coloqué justo detrás de ella. No la toqué, pero dejé que sintiera el calor de mi pecho rozando la seda de su espalda. Me incliné sobre su hombro, rodeando su cuerpo con mis brazos para poner mis manos sobre las suyas, que apretaban el rodillo con fuerza.—Estás poniendo demasiada tensión, arquitecta —le susurré al oído, notando cómo se estremecía ante el contacto—. Si sigues así, la masa se va a endurece
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