(POV Aria)
El agua caliente golpeaba mis hombros, pero no lograba quitarme el frío que se había instalado en mis huesos desde que salí de la cabaña. Me restregué la piel con saña, intentando borrar el rastro del chocolate, el aroma a sándalo y, sobre todo, el eco de mi propia confesión. Te amo. Las palabras se sentían como una traición a la seguridad de mis hijos, un lujo que no podía permitirme.
Me vestí mecánicamente: unos shorts vaqueros cómodos y una blusa de algodón blanca, sencilla, casi