(POV Kyler)
El silencio que dejó el coche de Bruno al marcharse no era de paz; era un silencio cargado de estática, de esa electricidad que precede a la tragedia. Bajé las escaleras de la biblioteca con el corazón martilleando contra mis costillas. Había escuchado el eco de una voz tensa, el golpe seco de algo impactando contra la carne y luego... nada.
Crucé el pasillo de mármol y entré en la cocina. El sol entraba de forma hiriente por los ventanales, iluminando las motas de polvo que bailaba