Alicia irrumpió en la sala alzando la voz, incapaz de contener la furia que la consumía.—Ahora mismo me vas a explicar qué es toda esta ridiculez de la invitación a almorzar o de pasar un fin de semana con ellos. Si mal no recuerdo, ustedes ni siquiera se determinaban. Están buscando acercarse a mi hermana solo para hacerme la guerra, pero no lo permitiré. Ella no será usada por nadie, mucho menos por ustedes.Todos los presentes la ignoraron como si fuera un insecto molesto, y lo mejor vino cuando Agnes, con un solo movimiento, se soltó de su agarre y la observó con una mirada fría, afilada, letal.—Que tú no tengas valores ni educación, lo puedo comprender —sentenció Agnes, sin elevar la voz—. Pero que pretendas venir a dominar mi vida y obligarme a actuar como tú… no lo voy a tolerar. Primero, porque somos tan diferentes como el día y la noche; y segundo, porque yo sí sé darme a respetar.Alicia abrió los ojos, incrédula, pero Agnes continuó, implacable:—Estos señores que ves aqu
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