Agnes nunca se había sentido tan superior a su hermana como en ese instante; acababa de darle una bofetada con guante blanco. Le había demostrado que podía ser más importante, incluso para el hombre que un día estuvo a punto de jurarle amor eterno a Alicia.
Aquello elevó su ego a niveles inimaginables. Por fin estaba recibiendo el reconocimiento que merecía como mujer y como persona. Había dejado atrás esos tiempos en los que se sentía la sombra de su hermana.
Sin embargo, algo la confundía. ¿E