Isidora siempre se había considerado una mujer disciplinada. No solo en lo profesional, sino en lo emocional. Había aprendido, desde muy joven, que los sentimientos podían ser un estorbo cuando se interponían entre una persona y sus objetivos. Por eso, cuando aceptó el puesto en el hospital, lo hizo con una claridad absoluta: venía a trabajar, a consolidar su carrera y a demostrar que estaba a la altura del prestigio que precedía a aquel lugar.Ares Nicolaou no formaba parte de sus planes.Al principio, lo vio únicamente como lo que era: un cirujano brillante, exigente, respetado. Un hombre con una historia complicada, sí, pero también con una barrera invisible que lo mantenía a salvo de cualquier intento de acercamiento personal. Eso, lejos de incomodarla, le pareció conveniente. Isidora no buscaba distracciones.Sin embargo, algo comenzó a resquebrajarse en su interior sin que se diera cuenta.No fue su aspecto, aunque no podía negar que Ares tenía una presencia que imponía. Tampoco
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