La relación entre Ares e Isidora no cambió de un día para otro. No hubo un punto exacto, una línea visible que pudiera señalarse como el inicio de algo distinto. Fue más bien una suma de momentos, de silencios compartidos, de miradas que empezaron a durar un segundo más de lo necesario.
Todo ocurrió dentro del margen de lo permitido. Al menos, dentro de lo que cualquiera podría justificar como estrictamente profesional.
Después del primer caso complejo que los obligó a operar juntos, el hospita