Sobre la amplia cama, Liam y Aurora pasaron la mañana jugando a las cosquillas. Los fuertes y musculosos brazos de él la ajustaron a su pecho, sacó el negro cabello que se había pegado en sus labios y, mirándola a los ojos, Liam pronunció:—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Yo jamás pensé que amar y ser correspondido se sintiera así. Nunca te apartes de mi lado, mi amor.—No pienso irme jamás, solo que tú quieras apartarme de tu lado.Liam sonrió y, posando su mano en una pierna de Aurora, replicó:—¿Por qué te apartaría de mi lado? Si eres lo que más amo en la vida aparte de mi madre y hermana… No podría siquiera pensar en continuar mi vida sin ti, Astrid.Acercó sus labios a los de ella, la besó con vehemencia y vigor, la desnudó y la embistió con fuerza. Sobre la cama de tres plazas sus cuerpos subían y bajaban, la puso en varias posiciones y la hizo alcanzar más de un éxtasis.Nunca imaginó que follar con la misma mujer varias veces, por no decir meses, fuera tan placenter
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