—Entiende tú, David Ferrer… Astrid es lo más importante de mi vida, la madre de mi hijo, la mujer que amé, amo y amaré hasta el final de mis días, y si tengo que morir por ella, lo haré. No voy a permitir que nadie más intrigue sobre mi relación ni mucho menos que la lastimen.—Está bien, no me meteré más en tu vida, pero cuida a tu mujercita, porque si arruina nuestro negocio ahí sí que la despellejaré viva.—Suena fácil, pero tienes que pasar sobre mi cadáver.Mientras los dos hombres se fulminaban con la mirada, Cangrejo carraspeó su garganta.—No es tiempo de discutir, mejor pongámonos a trabajar en el proyecto.—Vigílala, Robert, porque de lo contrario…—¿De lo contrario qué? ¿Me estás amenazando? —se inclinó apoyando las manos sobre el escritorio y le miró directo a los ojos. David también mantuvo la mirada y expuso.—Es una advertencia. Si Astrid arruina esto, seré yo quien quiera asesinarla.Robert tomó el cuello de la camisa de David y de un sacudón lo levantó y lo acercó a é
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