Logrando agarrar por completo su mano, la acarició suavemente con su dedo pulgar. Sus miradas estaban conectadas y, sin tener voluntad para negarse, Astrid se dejó llevar.
Se sentó a su lado, luego se metió bajo las blancas sábanas y recostó su cabeza sobre el vigoroso brazo de Robert. El golpeteo dentro de sus corazones se incrementó cuando ella lo miró a los ojos, teniendo tan cerca el rostro de él.
Un conflicto se desató dentro de ella, entre su mente y su corazón. Pese a que su mente tenía