La banda comenzó a tocar un vals sencillo, pero encantador. El centro del salón, el mismo donde se celebraban tantas fiestas de los trabajadores, había sido decorado con flores blancas y luces. El suelo de madera brillaba a la luz de las lámparas colgantes, y el aire olía a pastel, vino, cerveza y alegría.Fernando tomó a Natália por la cintura y la guió en el baile con pasos firmesEl murmullo cesó. Todos observaban encantados mientras la pareja giraba en medio del salón, con una naturalidad que nadie esperaba.Él mantenía la postura erguida, firme, pero no apartaba la mirada de ella.Ella, por su parte, parecía respirar por fin: los ojos serenos, la sonrisa discreta, la gracia de quien empieza a creer que tal vez haya un destino trazado por algo superior.Cuando terminó la música, todo el salón estalló en aplausos y gritos de celebración. Tras el primer baile, en el que solo bailaron los novios, cuando comenzó la segunda canción, la pista de baile se llenó de parejas, respetando la
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