Los meses pasaron y otro año terminó. Llegó una nueva cena corporativa a la que David decidió ya no asistir; en su lugar, se refugió en la cabaña de Saúl para traer de vuelta el recuerdo de Miranda, quien, a partir del día en que se marchó, no llamó ni siquiera para informar que había llegado bien.Como presidente, la gestión le sonreía: los acuerdos y colaboraciones con él al frente hicieron que Iwia ganara millones. Y así como transcurrió un año, pasaron tres meses más. Miranda seguía sin llamar. A David le tentaba buscarla, pero prefería mantener su firme promesa de no intervenir en su vida.Un viernes, David se reportó enfermo. Rosalin llegó a realizar la limpieza, como lo hacía cada fin de mes. Sentado en el sofá, el presidente escuchó a la empleada anunciarle que Saúl había llegado a visitarlo, trayendo consigo a Isabella. Por unos segundos, mientras esperaba que Rosalin los hiciera pasar, David sintió una punzada de envidia. Apenas entró, Saúl lo saludó y fue directo a sus asun
Leer más