Alina estaba de pie ahí, serena, y aunque Oliver seguía a su lado sin decir nada, Mariza sabía que si sacaban cualquier otra evidencia, él la iba a refutar una por una.Esa huérfana... ¿cuándo había logrado ganarse a la familia Parker sin que nadie se diera cuenta? Que Oliver saliera a defenderla no una, sino varias veces, era algo que nunca había visto con nadie más.Y Lia estaba ahí, destrozada, sin saber dónde meterse. Alina había pulverizado su imagen por completo, y hasta Vicco se había alejado de ella sin molestarse siquiera en consolarla.—Alina, todo esto es un asunto de familia, ya no le demos más espectáculo a los demás. Hablamos en casa.Mariza no tuvo más remedio que ceder.—Tiene razón, señora Mariza. Hablemos en casa, con mi papá y con mi abuelo presentes.Alina se limpió las lágrimas y lo dijo en tono dócil.—Señora Santori, disculpe usted las molestias. La visitamos otro día con más calma.Mariza se despidió de la festejada.La señora Santori apenas movió la mano, con
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