Para cuando la joven salió del gimnasio, había empezado a llover a cántaros. Al no llevar paraguas, corrió empapada hasta el estacionamiento y condujo de regreso a casa de su abuelo. Al llegar al portón, quiso marcarle a Tina para que saliera con una sombrilla, pero su batería estaba agotada. No le quedó de otra más que bajarse y caminar bajo la tormenta hasta la entrada principal.El agua helada la hizo temblar, pero esa misma sensación de incomodidad le aclaró la mente. Iba a asegurar las acciones de su abuelo. Iba a adueñarse de todo el Corporativo Sunset.Y cuando terminara con ellos, destrozaría a Empresas Carrillo. En los escalones del pórtico, se topó de frente con Lia, quien venía regresando muy bien cubierta.—Vaya, vaya, mira nada más quién es. Pareces un perro callejero todo mojado. ¿Apoco el abuelo no te mandó un chofer?Se burló la hermana menor, girando su elegante paraguas azul. La chica empapada se limpió el agua de la cara y la fulminó con la mirada. Su voz sonó tajan
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