Al día siguiente, cuando Oliver fue despertando poco a poco, movió los dedos y rozó algo suavecito. Giró la cabeza para mirar: Alina estaba recostada al borde de su cama, dormida profundamente. Le tenía tomada la mano y la había puesto bajo su mejilla. Oliver movió los dedos para retirarla y Alina despertó. Se enderezó, se frotó los ojos y, al cruzar la mirada con la de Oliver, dijo con alegría: —¡¿Ya despertaste?! Oliver asintió. Alina estiró la mano y le tocó la frente. —Ya te bajó la fiebre. Espérame tantito, voy por Luca. Sin darle tiempo a Oliver de hablar, Alina salió corriendo. Al poco rato, Luca entró. Apenas vio a Oliver acostado, Luca sonrió. —¿Tan temprano y ya despierto? Oliver le lanzó una mirada de fastidio y no dijo nada; todavía le dolía un poco. Luca se acercó a revisar la herida y, pegándose a él, le dijo en voz baja: —¿Para qué despiertas tan temprano? Alina te cuidó toda la noche. Oliver se quedó sin palabras, volteó a ver a Luca y, al toparse con su mirad
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